Blog Joven

12 jóvenes repartidos por toda la geografía española

15/04/09

La Niña Afgana

Todo comenzó en Junio de 1984, cuando el fotógrafo independiente Steve McCurry se hallaba en territorio paquistaní en plena invasión soviética, buscando retratar el ambiente hostil de aquella zona. El fotógrafo retrató a varias niñas de un campo de refugiados afganos, sin siquiera saber sus nombres y entre aquellas fotos anónimas se encontraba el rostro de la “niña afgana” que tras ser portada del National Geografic se volvió famosa en todo el mundo. Esos ojos verdes intensos, mirando con cierto temor y desconfianza, esa mirada penetrante que era el reflejo del rostro de tantos refugiados que huían de su destino, de la guerra, de la masacre, el hambre y la miseria.
Nunca volvió a saber nada de ella. Se fue creando el mito sobre esa niña de apenas doce años de quien no se sabía ni el nombre. ¿Dónde estaría? ¿Sabía si quiera que su rostro era célebre en el mundo occidental? ¿Era consciente que ese fotógrafo había convertido su cara en una de las portadas más vendidas y conocidas de la prestigiosa revista norteamericana y de tirada mundial? El fotógrafo en varios viajes a esa zona trató después de dar con ella siéndole imposible. La revista de más de 115 años de antigüedad, decidió reeditar esa portada y con ello se volvió a abrir la gran incógnita ¿dónde estaría la dueña de esos ojos verdes y penetrantes? ¿Qué habría sido de ella?
Tras las guerras que han asuelado Afganistán pocas esperanzas se tenían de que estuviese viva, pero National Geografic puso a disposición de McCurry un equipo de búsqueda en la zona. Tras peinar una a una las aldeas de la zona y descubrir que allí era más que conocida la foto pero no la muchacha surgieron pistas falsas sobre posibles “Niñas Afganas” Una de ellas llevó a McCurry a conocer a una mujer que decía ser ella, pero claramente el parecido no era suficiente. Gracias a la ayuda del FBI se descubrió que no coincidían. McCurry, decepcionado estaba a punto de abandonar el país y concluir la búsqueda. Puede que “La Niña Afgana” estuviese muerta.Sin embargo, al parecer unos hombres de aquella aldea creían conocer al hermano de esa niña. El equipo de National Geografic se ofreció a ir con ellos, pues a McCurry no le daba tiempo de viajar hasta Afganistán. Su hermano tenía los mismos ojos, así que se tuvo una esperanza firme de haber llegado al fin hasta la misteriosa niña, que en aquella época tendría unos treinta años.
Se llamaba Sharbat Gula, madre de tres hijos, cuyo marido trabajaba de panadero en una aldea alejada de su casa. Se mostraba reacia a mostrar su rostro, pero accedió a que una reportera le sacara unas fotografías en privado, debido a su timidez y cultura. Efectivamente, el parecido era asombroso. McCurry recibió la noticia y voló hasta allí con máxima expectación. Al fin el reencuentro se daría después de tantos años de misterio e incógnitas.Sharbat Gula le recordaba, incluso los jirones de su vestido hechos por el fuego, y el día en que todas fueron retratadas, la primera vez que alguien les tomaba una foto. Después tuvo que salir del campamento de refugiados y huyó con sus hermanos y sus abuelos, pues sus padres murieron en un ataque al campamento. Se casó al año con su marido y confesó que el primer año de vida en común fue feliz, hasta la muerte de uno de sus hijos. Hoy es ya una mujer, con el rostro marcado por la infelicidad, fiel reflejo de la dureza de vida de la mujer afgana. Es el ayer: una niña refugiada de la guerra; y el hoy: una mujer víctima de una cultura.
El FBI corroboró en un 99,9% la posibilidad de estar ante la misma persona. ¿Valió la pena para McCurry? Como dicen: Roto el misterio se acabó el encanto. ¿Ha sido el caso de “La Niña Afgana”?Por muy grande que nos parezca este mundo, por más desgracias que separen vidas, que desunan destinos, siempre se acaba encontrando lo que tanto se busca. Sin duda, Sharbat Gula es el rostro de millones de mujeres que permanecen escondidos detrás de un burka, es la voz tímida de millones de voces que jamás se harán oír, que jamás escucharemos. La voz más silenciada de una cultura: la de la mujer.

¿Por qué escribir sobre ella? ¿Por qué no hacerlo de otras con una historia más cruenta, más explícita, más ejemplar? Para demostrarte que detrás de cada foto hay una historia. Que tal vez tú, lector, también te cruzaste con esta portada, te sorprendiste y dejaste cautivar por esos ojos e inventaste tu personal historia sobre esa niña, pero jamás pudiste dar con la verdadera historia, como McCurry. Escribo sobre ella porque todo rostro anónimo tiene un nombre y se merece que sepas cual es. Que tiene una voz, y se merece que alguien se moleste en saber si tiene algo que decir.



Escritora Sin Rumbo.

1 Firmas:

JACHi dijo...

Un gran reportaje. Y bueno, ya de paso de comento lo de las demás entradas.
Tienes madera a la hora de escribir.